Adios a Paris
Vuelvo enseguida.- le dijo Bond a Paris en cuanto esta se despertó. Ya estaba vestido y listo para salir, así que abandonó la habitación y la vivienda antes de que su novia tuviera tiempo de hacerle alguna pregunta acerca de los motivos de su prisa. Había surgido algo importante. Aún no sabía de qué se trataba, pero cualquier mensaje que recibiera a través del indicador luminoso de su reloj requería la máxima prioridad, por encima de cualquier asunto personal.
Paris le interesaba muchísimo. Llevaban saliendo juntos desde hacía varios meses, cosa que nunca antes le había sucedido. La relación iba tan bien que el tema de la boda ya había surgido en un par de conversaciones. Bond le aseguraba que necesitaba algo más de tiempo, pues lo cierto es que le aterraba el matrimonio. La idea de tener que ceñirse a una única mujer se le hacía insoportable. Era algo totalmente normal en alguien tan mujeriego como él y por eso Paris le concedió más tiempo.
Finalmente, la prolongada duración de la nueva misión le permitió reflexionar y tomar una decisión: no volvería a verla. El matrimonio no estaba hecho para él. No sólo por su promiscuidad sino por las exigencias de su trabajo. Y si había algo en el mundo que Bond valoraba muchísimo era su trabajo. Era para lo que había sido adiestrado desde niño y lo que le hacía sentirse realmente bien consigo mismo.
Entretanto, Paris esperó y esperó el regreso de su prometido. Pero nunca volvió. Y lo peor de todo es que no podía hacer nada por encontrarlo, dada su identidad secreta. Nunca más le volvería a ver… a menos que una de sus misiones entrelazara sus caminos.
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