Operación Kamikaze

Sé que es lo más arriesgado que se le ha pedido jamás, Bond,- le decía M con algo más de tacto que de costumbre.- pero es la única posibilidad que hay para impedir que ese terrorista haga estallar una bomba nuclear en pleno Londres. Y sé que usted es el único que podría conseguirlo. Q le dará los detalles. Buena suerte.

El agente 007 se dirigió entonces a la planta correspondiente al laboratorio del inventor. Una vez entró en él, volvió a sorprenderse con la cantidad de artilugios que se encontraban en pruebas. Desde una maquinilla de afeitar con unas cuchillas más cortantes de lo habitual hasta un bastón capaz de lanzar dardos venenosos con tan solo girar su empuñadura y sin necesidad de ponerlo paralelo al suelo.

- Buenas tardes, Q. ¿Tiene por ahí el supositorio?

- Cápsula, 007, se llama cápsula.- le respondió molesto. Bond siempre sabía cómo hacer gruñir al genial científico.- Aquí la tiene. Métase dentro y le explicaré su funcionamiento.- se trataba de una especie de torpedo provisto de un cristal y una serie de controles que permitía a su piloto conducirlo como si de un caza se tratara. De hecho, la velocidad que podía llegar a alcanzar era ligeramente inferior, pero en esta misión no le iba a hacer falta ir a plena potencia.- Como ve, los mandos le resultarán familiares. El único interruptor nuevo es este.- le dijo señalando la parte superior de la palanca direccional.- Con él activará el mecanismo de expulsión. Recuerde que deberá utilizarle cuando este indicador le diga que faltan 100 metros.- y señaló una pequeña pantalla numérica.- Inmediatamente después, cuando esté en el aire, tire de la anilla de su abrigo y saldrá la esfera hinchable. ¿Alguna pregunta?

- En esta ocasión, no me pedirá que le devuelva intacto el aparato, ¿verdad?

- Evidentemente no, 007. Se colisionará con uno de los vagones de metro que ha retenido el terrorista.- le respondió más molesto aún Q, pues la pregunta era tan obvia que no merecía ser respondida. Bond mostró una sonrisa, divertido.

Una hora más tarde…
Bond se encontraba metido en la cápsula, la cual estaba apoyada sobre una base cuyas ruedas estaban asentadas en las vías del metro. Todo estaba dispuesto para que el agente iniciara el vuelo por el largo recorrido subterráneo. La razón por la que debía llegar a la estación donde el terrorista se hallaba junto a la bomba nuclear y medio centenar de rehenes de esa manera era porque el criminal había colocado un perímetro de sensores de movimiento que también activaban la detonación. Era del todo imposible acceder tanto por las escaleras de la estación como por los túneles que empleaban los vagones… a menos que se superaran los 300 kilómetros por hora.

Bond activó la ignición y la base comenzó a desplazarse lentamente. Fue cogiendo velocidad y, cuando así se lo indicaron las agujas del panel de control, tras avanzar algo más de 500 metros, accionó la fase que permitía al aparato volar, de modo que dejó atrás el soporte con ruedas. Empezó entonces a pilotar el vehículo por los anchos túneles mientras continuaba aumentando la velocidad hasta superar los 300 kilómetros por hora que necesitaba. Parecía imposible volar por aquel recorrido con esa rapidez, pero las manos expertas de 007 lo lograron sin problemas.

Algo más le costó mirar al mismo tiempo el medidor de la distancia que le quedaba cuando se estaba aproximando. En cuestión de segundos, pasó de estar a 1000 metros a los 100 que le había indicado Q. Haciendo uso de sus agudos reflejos, pulsó el botón de la eyección justo a tiempo y salió disparado en dirección al techo, con tal fuerza que se hubiera golpeado contra él si no llega a haber tirado de la anilla de su traje que activaba la esfera hinchable. Esta amortiguó tanto este impacto como el posterior contra el suelo. Para entonces, la cápsula se había estrellado contra el vagón trasero de uno de los dos metros que permanecían allí retenidos por el terrorista. La explosión le destrozó en gran medida y el ruido, amplificado por el eco, fue ensordecedor. Menos mal que los rehenes se encontraban en el andén y no en su interior, tal y como había previsto M.

- ¿Pero qué demonios…?- se preguntaba el criminal, que no tardó en acercarse a las vías. Luego divisó la extraña esfera acolchada con cara de asombro. De repente, esta empezó a girar y a moverse lentamente. Sin pensarlo dos veces, el terrorista la disparó con su ametralladora, agujereándola. El extraño objeto se detuvo y, breves instantes después, escupió tres balas procedentes de un agujero que el delincuente no había producido. Tales proyectiles impactaron en su pecho, derribándolo y acabando con su vida en el acto. Los rehenes gritaron de euforia al ver que al fin estaban a salvo.

- ¡¡Que nadie se mueva de aquí!!- les gritó Bond nada más rasgar la esfera, salir de ella y subir al andén. La capa antibalas kevlar que Q había insertado entre el acolchado había sido todo un acierto, como de costumbre.- Los sensores de movimiento de las salidas aún siguen activos. En cuanto desactive la bomba, podrán marcharse.- pero nada más terminar la frase, una señora de mediana edad, presa de la histeria y muy afectada por la tensión que había soportado durante el largo secuestro, echó a correr en dirección a las escaleras que daban a la calle. 007 la vio antes que nadie y fue tras ella.- ¡¡No lo haga!! ¡¡Deténgase o hará explotar la bomba!!

Dada la mayor cercanía por parte de la ciudadana respecto a la salida, estaba bastante claro que a Bond no le iba a dar tiempo a alcanzarla. Así que antes de que fuera demasiado tarde, el agente secreto se lanzó en plancha al suelo con los brazos estirados hacia delante y pulsó el botón de su reloj que disparaba una cuerda autoretráctil, apuntando a la pared que precedía a las escaleras. De esta forma, la señora se tropezó con él y cayó de bruces contra el suelo. Bond aprovechó el momento para alcanzarla y detenerla al fin, para alegría y alivio de los allí presentes.

- Sujétenla. Ustedes tres y ustedes tres,- dijo señalando a seis hombres.- cubran las salidas por si esto vuelve a suceder. Les recuerdo que el peligro ya ha pasado. Sólo falta desactivar la bomba y podrán marcharse a sus casas sanos y salvos.- los rehenes asintieron y el espía se dispuso a manipular el peligroso artefacto. Abrió la tapa del container en el que se hallaba y pensó: “Vaya, jamás había mentido a civiles”. El enmarañado conjunto de cables así como la activación de un contador a 5 minutos hicieron regresar al peligro.

“La desactivación no es mi especialidad”, pensaba Bond sarcástico, recordando las muchas explosiones y destrozos que había causado en su agitada trayectoria. Incluso había hecho estallar una bomba nuclear sin carga que la hiciera radiactiva cuando se encontraba en el interior de un gasoducto en una de sus últimas misiones.

Los rehenes supieron contener su pavor ante la nueva amenaza para proporcionar al agente el silencio que requería una tarea tan compleja como aquella. Debía seguir el recorrido de cables de diferentes colores, tratando de averiguar el esquema del circuito que formaban. Y todo ello bajo la intranquilizadora presión del tiempo y con la visión en mente de un Londres radiactivo.

Quedaban menos de tres minutos. El sudor comenzó a hacer acto de presencia en su frente. Sus ojos apenas parpadeaban para no perder el hilo –y nunca mejor dicho. Aún no tenía claro qué cable se debía cortar, si es que había alguno, pero se estaba aproximando a lograr un entendimiento del circuito.

Entonces, cuando faltaba un minuto y medio, cortó uno de los cables, cogió el container de la bomba y le lanzó a las vías junto a uno de los vagones.- ¡¡Colóquense junto a las escaleras, rápido!!- les gritó a todos. La gente volvió a sentir el miedo en el cuerpo y corrió hacia el sitio indicado por el agente. Una vez se reunieron con los seis hombres a los que 007 había designado para vigilar la zona, les ordenó que corrieran lo más rápido posible y que se ayudaran los unos a los otros si alguien tropezaba con uno de los escalones.

En cuanto uno de los rehenes llegó al décimo escalón, se produjo la devastadora explosión que empujó a un vagón contra el otro, destrozando a ambos. El resto de vagones también sufrieron graves desperfectos. Tanto el andén como el techo sufrieron una convulsión fortísima seguida de una lluvia de escombros de gran variedad de tamaños y materiales. La estación a punto estuvo de verse sepultada. En la superficie, una ola de polvo acompañó al medio centenar de rehenes en su precipitado ascenso, aterrados como nunca antes lo habían estado en sus vidas. El pensamiento de que habían sido contaminados por radiación nuclear les vino a la mente antes de que Bond pisara la acera.

- ¡¡Tranquilos, escuchadme todos!!- vociferaba tratando de hacerse oír.- ¡¡No ha explotado la bomba nuclear, sino la carga explosiva que la detona!!

- ¿Quiere decir eso que no estamos contaminados?- preguntó uno de los ciudadanos.

- Eso es, no ha ocurrido nada, la bomba está intacta. Estamos todos sanos y salvos, tal y como les prometí.- los gestos de desolación y terror de la gente se tornaron por unos llenos de júbilo. Empezaron a gritar de nuevo, pero esta vez era de pura alegría. El amplio cerco policial que rodeaba la zona permitió el paso de la multitud que quería saber cómo se encontraban sus familiares y amigos.

- Nos ha salvado ese señor.- fue de una de las frases más repetidas durante las numerosas conversaciones, pero en todas las veces en que fue mencionada, nadie logró señalarle con el dedo. Bond se había mezclado entre la gente y había abandonado el lugar sin que nadie supiera quién había sido el héroe de la jornada, ni siquiera los medios de comunicación. Su identidad secreta seguía a salvo. Volvía a ser un simple transportista de Universal Exports.

1 Comment so far

  1. 007spain.com » Subido el 5º relato September 24th, 2007 7:55 pm

    […] podeis echarle un vistazo a ‘Operación Kamikaze‘, en la que Bond deberá salvar algo más que su pellejo para poder cumplir su […]

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mukkamu