Sabotaje en movimiento
Sabemos su hora de salida y su ruta, de modo que usted únicamente deberá infiltrarse en la base y colocar el dispositivo que le ha entregado Q para que el sistema de transmisión del camión se averíe justo en el momento en el que pase por el puente del río Guanano.- le decía M a Bond durante la habitual reunión previa a cualquier misión.- De esta forma, parecerá un accidente y evitaremos que el camión, cargado de toneladas de droga, llegue a su destino sin que nadie sospeche. Supondrá una cuantiosa pérdida para la organización de López.
- ¿Pero no sería mejor sabotear la limusina de López?
- Es demasiado arriesgado, siempre está muy vigilada. Bastante es que el primer ministro mejicano nos haya permitido actuar en esta operación. Tenemos la esperanza de que el accidente del camión provoque que también la limusina caiga por el puente, dado que siempre va detrás de él.
Aunque Bond aceptó las órdenes sin rechistar, ya había ideado una manera mejor de contribuir, de modo que cuando, al día siguiente, se encontraba bajo el camión, no colocó el dispositivo en su maquinaria sino que se agarró a ella y viajó con él. Más adelante, en las cercanías del puente, activó el cable retráctil de su reloj Omega, enganchándole a los bajos del largo trailer, y se dejó deslizar por el asfalto hasta situarse bajo la limusina. Para ello, se había vestido con un traje altamente resistente obra, como de costumbre, del gran Q. Como iban a más de 120 kilómetros por hora, su deslizamiento se produjo tan velozmente y la distancia entre ambos vehículos era tan escasa que nadie advirtió su presencia. Colocó entonces el aparato de Q sobre el eje de la transmisión y activó de nuevo su reloj para que el cable se recogiera, de modo que volvió a la parte inferior del camión. Obviamente, la velocidad que alcanzó en el deslizamiento de regreso no fue tanta, así que el conductor le vio. Entre que se lo comunicó por el interfono a su jefe y este tomó la decisión de detener la marcha, ya era demasiado tarde: estaban atravesando el puente. El dispositivo de Q lo detectó gracias a su minúsculo sistema GPS, por lo que se puso en marcha su mecanismo destructivo: un ácido corrosivo. El coche se empezó a zarandear de un lado a otro de la calzada. El conductor, aterrorizado ante la pérdida repentina del control, fue incapaz de evitar que el vehículo cayera al río por uno de los laterales. El camión se detuvo pocos metros más adelante. Su conductor, atónito, se bajó y se asomó al lugar de la barandilla por la que había caído la limusina. Bond aprovechó ese momento para llevarse el camión.
Pocos kilómetros más adelante, divisó una curva ideal por la que dejarlo caer colina abajo. Así pues, en la recta que la precedía, abrió la puerta y se colgó de ella para abandonar el descontrolado vehículo desde la menor altura posible. Se soltó y se agarró bruscamente a la barrera del borde de la calzada. El camión destrozó gran parte de ella y descendió a través de arbustos y matorrales varios cientos de metros. Después, efectuó una caída de más de doscientos metros de altitud, dada la presencia de un acantilado. La consiguiente explosión puso fin a la misión, más satisfactoria de lo previsto por M gracias a la audacia y la valentía del mejor de sus agentes.
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