SAM

Se levantó de su asiento, se dirigió hacia la parte trasera del avión, cogió un paracaídas de uno de los armarios y, antes de que cualquiera de los pasajeros pudiera acabar de formularle la pregunta “¿qué está haciendo?”, abrió la compuerta y saltó. El caos se apoderó de todos y cada uno de los viajeros, a pesar de ser buscados terroristas internacionales miembros de la reciente asociación criminal S.A.M. (Sociedad Anarquista Mundial). Todos salvo el valiente líder, que logró hacerse con un paracaídas y abandonar el vehículo antes de que estallara por la acción de un mando de control remoto manipulado por quien había saltado hacía cuestión de segundos: el agente 007.

El inglés no se percató de ello, por lo que continuó su descenso con tranquilidad. El americano que le perseguía se inclinó lo más que pudo para tratar de ganar velocidad y alcanzarle, como así fue. Bond finalmente se dio cuenta de su presencia cuando notó cómo le rasgaba la mochila con un cuchillo. Intentó quitarse de la espalda al villano, pero le agarraba con mucha fuerza mientras le destrozaba el paracaídas. Cuando se dio por satisfecho, el americano le dio una patada a su adversario para separarse de él. Bond, sin dudarlo un segundo, se dio la vuelta, dando la espalda al suelo, y le apuntó con su reloj Omega, modificado debidamente por Q, para dispararle el diminuto gancho que disponía oculto en uno de los laterales. Afortunadamente para el agente, dio en el blanco, por lo que pulsó el botón que accionaba el recogimiento del resistente cable. De esta peculiar forma, logró atraer al terrorista hasta su posición. Este, atónito a la par que furioso a más no poder, se dolía de la herida que le había provocado su oponente en el pecho. Viendo que era incapaz de cortar el cable con su cuchillo, se dispuso a enfrentarse de nuevo con el traidor que había acabado con los principales miembros de su organización. Esta vez lo iba a tener más complicado, dado que ahora se encontraban cara a cara.

Fue Bond quien atacó primero, realizando una asombrosa voltereta sobre sí mismo para propinar una fuerte patada a la mano con la que su rival agarraba su arma blanca. Ahora sí que estaban en igualdad de condiciones, si se exceptúa el hecho de que el criminal disponía de paracaídas. Tras unos cuantos segundos en los que abundaron los agarrones, los puñetazos y las patadas, el americano, viéndose incapaz de deshacerse de su enemigo, optó por tirar de la anilla que abría su paracaídas. Bond hizo uso de sus reflejos para agarrarse velozmente a la bota derecha del ascendente criminal, quien no tardó en empezar a patalear para intentar quitarse de encima al persistente agente secreto. De nuevo, no lo logró. Peor aún, ni siquiera pudo impedir que fuera trepando por su cuerpo hasta situarse hasta la altura de los hombros. Fue entonces cuando Bond puso fin al duradero duelo aéreo, ya que acabó con su vida ejecutando un rápido movimiento de manos con el que torció su cuello con endiablada brusquedad. Inmediatamente después, descendió un poco para agarrarse al cadáver en una posición algo más cómoda.

Al cabo de un par de minutos, tomó tierra. Como era de esperar, fue un aterrizaje bastante brusco por estar agarrado a un cuerpo inerte. Además, el terreno no era muy firme, más bien ondulado, ya que se trataba de un campo de cultivo. En él se hallaba un granjero que estaba colocando un desgastado espantapájaros compuesto de paja y un par de harapos viejos. No debía ser la primera vez que lo utilizaba. Nada más percatarse de la presencia de un extraño en su finca, se aproximó y le preguntó…

- ¿Qué lleva usted ahí?

- Le traigo un nuevo espantapájaros.- le respondió Bond sonriente mientras enrollaba rápidamente al difunto con el paracaídas.

1 Comment so far

  1. 007spain.com » Relatos Cortos August 27th, 2007 8:54 pm

    […] el primer relato, ‘La caída de S.A.M.‘,  vemos como Bond debe pelear por su vida junto a un enemigo en el aire al más puro estilo […]

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mukkamu